Cazadora de Eclipses
Falta poquísimo para el eclipse solar total que se observará desde lugares muy lejanos al Perú. En España, más exactamente en Palencia, Fabiola Laura, una aficionada a la astronomía integrante de Ecovida & Universo, se encuentra ya finiquitando los últimos detalles para poder ser testigo en primera fila de este maravilloso evento celeste que pocos realmente tienen la oportunidad de experimentar. El último eclipse solar total que pasó por el Perú, del que tengo memoria, ocurrió el 3 de noviembre de 1994, hace ya muchísimas lunas, después de todo… Sigue a Fabiola en su nueva aventura astronómica:
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¿Cómo así tomaste la decisión de convertirte en una “cazadora de eclipses”?
Tomé la decisión en un ascensor en Mazatlán, México, el 8 de abril de 2024, justamente el día de mi primer eclipse total de Sol.
Iba rumbo al malecón, hacia mi punto de observación, y en el ascensor me encontré con un señor de Singapur, de unos 70 años, que llevaba un polo donde tenía enlistados los más de 12 eclipses totales que había cazado a lo largo de su vida. Cuando le conté que ese sería mi primer eclipse, me miró con mucha ternura y me deseó suerte.
Fue un encuentro brevísimo, de esos que duran lo que demora un ascensor, pero se me quedó grabado. Horas después, cuando finalmente vi la totalidad por primera vez, entendí por qué ese señor había recorrido el mundo tantas veces para volver a vivir algo así.
Creo que la suma de esas dos cosas determinó que yo también quisiera convertirme en cazadora de eclipses.
Nos comentan que éste será tu tercer eclipse solar. ¿Qué recuerdas con más intensidad de los dos anteriores?
Mi primer eclipse fue indescriptible. En realidad, estaba buscando algún fenómeno astronómico interesante para observar y tenía dos opciones en mente: ver una aurora boreal o un eclipse. En ese momento, lo más accesible para mí era el eclipse de México.
Recuerdo que cuando le dije a mi mamá que iba a viajar sola a Mazatlán casi me encierra para que no vaya, jajaja. Era mi primer viaje sola a un lugar con un contexto de seguridad que podía ser complejo y, emocionalmente, también representaba un reto para mí.
Finalmente tuve un viaje maravilloso. No tuve ningún problema y, además del eclipse, hice muchos amigos, “amigos de eclipses”, con quienes prometimos encontrarnos nuevamente bajo la sombra de la Luna en algún otro lugar del mundo. También fue el motivo para unirme al grupo de divulgación científica Ecovida y Universo liderado por Carlota Pereyra.
Mi segundo eclipse fue diferente. Viajé hasta Perito Moreno, en Santa Cruz, al sur de Argentina, para observar un eclipse anular de Sol. Allí acompañé al grupo astronómico Osiris, que organizó jornadas públicas y gratuitas, charlas en escuelas y observaciones del cielo nocturno. Me encantó acompañar durante esos días a jóvenes y adolescentes haciendo divulgación científica.
Y ocurrió algo que jamás había planeado: coincidí allí con Javier Santaolalla, a quien seguía desde mis inicios como aficionada a la astronomía. Encontrarlo en plena Patagonia y poder conocerlo personalmente marcó un momento muy especial en este todavía corto camino mío dentro de la astronomía.
¿Qué tiene un eclipse solar que hace que valga la pena viajar miles de kilómetros para perseguir unos pocos minutos de oscuridad?
Porque en realidad no viajas miles de kilómetros solamente para ver unos minutos de oscuridad.
Viajas para ver cómo el mundo que conoces cambia frente a tus ojos. La luz comienza a sentirse distinta, cambia el ambiente y, cuando llega la totalidad, aparece la corona del Sol, que normalmente no podemos ver. Y sabes que en ese preciso momento estás dentro de la sombra de la Luna mientras atraviesa una pequeña franja de la Tierra. Pensarlo ya es increíble; vivirlo es otra cosa.
Además, esos pocos minutos no empiezan cuando el Sol desaparece ni terminan cuando vuelve a aparecer. Está todo lo que hiciste para llegar hasta allí, las personas que conociste, la incertidumbre del clima, la espera y todo lo que sientes después.
Mi primera totalidad duró casi cuatro minutos, pero en mi memoria ha durado muchísimo más.
¿Cómo se prepara una persona para “cazar” un eclipse?
El gran temor de los cazadores de eclipses son las nubes, jajaja. Puedes viajar miles de kilómetros y hacer una planificación perfecta, pero si una nube se pone delante del Sol justo durante la totalidad, no hay mucho que hacer.
Por eso, con meses de anticipación puedes revisar la climatología histórica de los posibles lugares de observación: nubosidad, precipitaciones, época del año, etc. Y cuando faltan pocos días, empiezas a seguir los pronósticos meteorológicos, que permiten tomar decisiones mucho más precisas.
También está toda la logística. Cazar eclipses requiere una inversión y, si compras pasajes o reservas alojamiento demasiado tarde, los precios pueden dispararse.
Otro factor muy importante es la altura del Sol sobre el horizonte. En este eclipse de España, por ejemplo, el Sol estará muy bajo durante la totalidad, así que no basta con estar dentro de la franja correcta: necesito encontrar un horizonte oeste muy despejado, sin montañas, edificios, árboles u otros obstáculos que puedan taparlo.
Y personalmente busco algo más: me gusta llegar a lugares donde alrededor del eclipse también haya ciencia. Charlas, encuentros, divulgación, observaciones… como una especie de “previa” científica. Para mí, entender lo que estoy a punto de observar hace que la experiencia sea todavía más extraordinaria.
Puedes planificar durante meses y finalmente una nube puede aparecer justo en el momento decisivo. ¿Cómo se vive esa incertidumbre?
Las nubes son la criptonita de los cazadores de eclipses.
Puedes estudiar muchísimo un lugar, pero nunca tienes una garantía absoluta. Los pronósticos van ganando precisión conforme se acerca el eclipse y los últimos días y horas son fundamentales.
Por eso hay que tener Plan A, Plan B, Plan C y todos los que sean necesarios. Incluso estar preparada para moverte el mismo día si las condiciones lo requieren.
Pero seré sincera: que sea difícil y que exista esa incertidumbre también le da parte de su encanto. Hay una adrenalina indescriptible en estar mirando mapas meteorológicos, nubes, carreteras y el reloj mientras sabes que la sombra de la Luna llegará contigo o sin ti.
No apto para niveles de ansiedad altos, jajaja.
¿Cuál ha sido hasta ahora la situación más inesperada, divertida o incluso caótica?
Creo que una de las más inesperadas fue encontrarme con Javier Santaolalla en la Patagonia. Era algo que jamás había calculado.
Yo había viajado siguiendo un eclipse hasta un lugar muy pequeño al sur de Argentina y, de pronto, la vida hizo que coincidiéramos allí. Para alguien que lo escuchaba desde que comenzó a interesarse más seriamente por la astronomía, fue muy especial.
Pero también me sorprenden muchísimo las personas que aparecen en estos viajes: astrónomos, astrofísicos, divulgadores, otros cazadores y personas que simplemente llegaron por curiosidad.
Hay algo particular en los eclipses: puedes conocer a alguien esa misma mañana y, unas horas después, sentir que compartiste con esa persona algo enorme. Se forman amistades muy bonitas bajo la sombra de la Luna.
Hay personas que describen la totalidad como una experiencia casi espiritual. ¿Qué significa para ti personalmente estar bajo la sombra de la Luna?
Ver la totalidad de un eclipse de Sol me dio una perspectiva diferente de la vida.
Ante la inmensidad de lo que estás observando, ante esa alineación extraordinaria entre el Sol, la Luna y la Tierra, muchas cosas que normalmente pesan muchísimo empiezan a sentirse pequeñas.
Mis inseguridades, mis prejuicios, mi ego, mis defectos, mis preocupaciones más terrenales, mis vergüenzas, mis temores, incluso las dudas sobre mí misma o sobre quién soy… durante esos minutos todo se vuelve minúsculo, casi sin peso.
Porque lo que tienes delante te sobrepasa.
Y quizá eso es lo que para mí se acerca más a lo espiritual. No necesariamente desde una religión, sino desde la sensación de entender que eres una parte pequeñísima de algo muchísimo más grande.
Y ocurre algo que me parece muy bonito: por unos minutos dejamos un poco atrás nuestras individualidades. Miles de personas estamos mirando hacia el mismo lugar, esperando la misma sombra.
¿Qué diferencia hay entre saber científicamente qué va a ocurrir y estar allí cuando efectivamente sucede?
Una diferencia abismal. Creo que nada te prepara realmente para ver una totalidad.
La ciencia te permite entender perfectamente qué está ocurriendo. Sabes que el mundo no se va a acabar, que el Sol no está desapareciendo y que muchos de los mitos que todavía existen alrededor de los eclipses no tienen sustento científico.
Pero cuando efectivamente sucede y ves cómo cambia la luz y cómo el día se transforma frente a ti, puedes comprender un poquito por qué nuestros antepasados, sin el conocimiento que tenemos actualmente, podían sentir verdadero miedo frente a un eclipse.
Incluso sabiendo exactamente lo que está pasando, puede ser abrumador.
En mi caso lo fue. Durante mi primer eclipse lloré muchísimo. Sabía perfectamente que era un fenómeno astronómico y aun así me sobrepasó emocionalmente.
Creo que esa es justamente una de las cosas más bonitas de la ciencia: entender un fenómeno no necesariamente le quita la magia. A veces hace que te maraville todavía más.
Eres peruana y ahora estás en España persiguiendo eclipses. ¿Qué significa para ti llevar esta pasión desde el Perú hacia otros lugares?
Siempre que viajo intento dejar bien parado a mi país y decir, de alguna manera: “Perú está presente”.
Me conmueve mucho llevar ese pequeño estandarte conmigo. Y también siento cierta responsabilidad porque muchas de las personas que conozco en estos viajes después no me recuerdan necesariamente como Fabiola o como “la cazadora de eclipses”; me recuerdan como la peruana. Y eso me llena muchísimo de orgullo.
También siento que, de alguna forma, llevo conmigo a mis amigos y amigas de la astronomía en Perú. A través de lo que comparto en redes sociales intento que ellos también puedan vivir un poquito de lo que yo estoy viviendo al otro lado del mundo.
¿Qué cosas importantes de observar un eclipse crees que una fotografía nunca puede transmitir?
Las reacciones de las personas.
Eso es algo fascinante de observar durante una totalidad. He visto gente llorar desconsoladamente —confieso que fui una de ellas—, personas rezando, gente completamente paralizada y otras simplemente sin poder dejar de mirar.
Pero me encantan especialmente las reacciones de los niños. En mi experiencia los he visto vivirlo con una curiosidad impresionante. Y me gusta pensar que quizá alguno recuerde ese momento durante toda su vida o que incluso allí nazca su primera curiosidad por la astronomía o por la ciencia.
Y luego está el eclipse mismo.
He visto fotografías extraordinarias de astrofotógrafos increíbles, pero al menos para mí ninguna fotografía de la totalidad consigue hacerle justicia a lo que realmente ves con tus propios ojos.
Y está bien que sea así.
Quizá eso también hace que sea tan especial estar allí.
Si pudieras volver al día anterior a tu primer eclipse solar y hablar con aquella versión de ti misma, ¿qué le dirías?
Primero: que desayune, jajaja.
De los nervios olvidé desayunar y ese día mi jornada comenzó como a las 6:30 de la mañana.
Después le diría que todos los sacrificios y todo el camino que recorrió para llegar hasta ese punto de su vida valieron la pena. Que esos casi cuatro minutos serán suficientes para que deje de sentirse un poquito perdida en la vida y en el espacio.
Le diría: todo va a estar bien.
Ah, y que no olvide sus lentes especiales para observar de manera segura las fases parciales del eclipse. Muy importante, jajaja. La seguridad y la protección de los ojos ante todo.
¿Qué pasará cuando termine este tercer eclipse y vuelvas a casa para mirar el cielo como un día cualquiera?
Un evento así deja una parte de mí muy sensible.
Después de un eclipse trato de cuidar mucho mis emociones y mi entorno, porque regreso a casa viendo algunas cosas de una manera diferente. Intento aprovechar esa sensibilidad para tomar decisiones importantes y también para estar más presente con mis amigos, mi familia, mi trabajo y conmigo misma.
Es un poco como una montaña rusa: llegas a un pico enorme y después inevitablemente empiezas a bajar. Y está bien.
Después viene algo que yo llamo, medio en broma, mi “síndrome de abstinencia de eclipse”, jajaja. Termina uno y casi inmediatamente empiezo a pensar en cuándo será el siguiente.
Así que ya puedo hacer un pequeño spoiler: Egipto 2027.
Ese es el próximo. Y lo espero con muchísima ilusión.
